
La trascendencia de las ideas de la Teoría Cuántica para la ciencia y la tecnología, unido al hecho de que supongan una nueva percepción del universo, han suscitado intentos por extenderlas y aplicarlas, desde un punto de vista filosófico, a otras áreas que se extienden más allá del campo de acción de las llamadas ciencias duras.
La discusión sobre si es útil o tiene justificación mirar a través del cristal de la Teoría Cuántica para estudiar fenómenos psicológicos o sociales, no tiene punto final. Muchos especialistas en la materia consideran que la validez y éxito de la Teoría es precisamente su formulación matemática y cualquier intento de aplicación que prescinda de esta es, sencillamente, carente de sentido físico. Pese a este contundente argumento han sido publicados numerosos trabajos, muchos de ellos bastante serios, que buscan relacionar las ideas cuánticas con áreas del conocimiento aparentemente lejanas, como la historia.
Es necesario aclarar que cualquier vínculo posible radicaría solo en ideas, puntos de vista generales o formas de pensamiento y análisis…pues existe un hecho ineludible que separa ambos áreas: el tratamiento cuántico solo es necesario a nivel microscópico (en el orden de la constante de Planck: 6.62606896(33) ×10 -34 Js ) y la historia humana es la de un mundo macroscópico.
Determinismo, Continuidad y Localidad.
El desarrollo de las ideas cuánticas propuso un cambio tan radical en las sólidas y hasta entonces exitosas teorías de la física clásica que muchos científicos las interpretaron como una ruptura con el conocimiento acumulado por siglos y se mostraron reticentes a aceptarlas, aun cuando la validación experimental era incontrovertible.
La cuantización sacudía los tres pilares de la física clásica: el determinismo, la continuidad y la noción de localidad. En primer lugar, a nivel cuántico, el futuro nunca es único ni está totalmente determinado por el pasado. El tratamiento de los sistemas cuánticos, no importa cuán simple sean, es probabilístico y jamás determinista. Conocer las condiciones iniciales y las fuerzas que actúan sobre un ente físico no nos hacen capaces de definir una única trayectoria para su evolución; solo nos permite conocer el conjunto de trayectorias que probabilísticamente seguirá. Cualquier intento de especificación perturbaría de tal manera al sistema que dicha distribución de probabilidades cambiaría.
Los sistemas cuánticos pueden sufrir cambios abruptos del estado físico de forma prácticamente instantánea, algo que contradice abiertamente el principio filosófico repetido por Newton y Leibniz de que Natura non facit saltus (‘La naturaleza no procede a saltos’). Ese es el sentido de la no continuidad en la Teoría Cuántica.
Romper con la idea de localidad como la imposibilidad de que existan acciones instantáneas a distancia, ha sido probablemente la tendencia más criticada de la Teoría Cuántica y además sobre la que más se ha teorizado. La existencia de esas acciones a distancia ha sido criticada por una parte de la comunidad científica. No obstante, el Teorema de Bell y sus desigualdades (cuya violación demuestran los experimentos) protegen a la Teoría Cuántica y echan por tierra la Paradoja EPR (Einstein- Podolski-Rosen) que por años fue bandera de los críticos.
Estos tres conceptos guardan, al margen de interpretación clásica o cuántica, estrecha relación con la historia como disciplina (sin consideraciones sobre su carácter científico). ¿Qué pueden aportar estas ideas cuánticas a la percepción, interpretación e investigación de la historia?
La determinación de la causa de los hechos históricos puede reducirse a una explicación determinista y monocausal o hacerse más compleja e incluir la incidencia del conjunto de situaciones (multicausal y relativista), lo que suele responder a un mayor grado de acercamiento a la realidad.
No obstante, asumir la multiplicidad de causas dificulta la construcción del modelo explicativo y si se convierte en demasiado compleja termina siendo poco o nada útil como lo sería un mapa que reprodujera a escala 1:1 el territorio cartografiado, con lo que coincidiría en extensión con él. Es una cuestión para muchos no definida si la complejidad de los sistemas históricos será reducible a cuantificación, como en última instancia es la pretensión de la historia cuantitativa, mediante herramientas interpretativas sofisticadas (futuros avances de la informática o la Teoría del Caos).
Dado que el estudio de la historia implica en ocasiones estudiar tanto la conducta individual, como la conducta de sistemas formados por diversos individuos, existen formas de determinismo que sostienen que el comportamiento global del sistema es determinista (sin afirmar nada sobre el determinismo de los individuos) y formas más radicales que sostienen el determinismo incluso a nivel de individuo. Algunos autores, como Marvin Harris que no son estrictamente deterministas, han planteado la posibilidad de un determinismo probabilista, por el cual no serían los hechos en sí mismos los que están determinados sino la probabilidad de que un sistema social evolucione en un sentido u otro. Esta última tendencia mediadora posee cierta analogía con una idea semejante que sostienen algunos científicos como Stephen Hawkins en la Teoría Cuántica: posee un carácter probabilístico, pero incluso la evolución de ese carácter puede estar determinada.
Indiscutiblemente, el conocimiento del pasado que nos provee la historia nos permite considerar la probabilidad de los sucesos futuros, pero en ningún caso basta para determinar inequívocamente su desarrollo.
La continuidad de los procesos históricos es una cuestión bastante relativa y dependiente de la óptica y del nivel de tiempo histórico sobre el que se realice el análisis. Si el ritmo temporal en la historia se acelera, o si fluye con continuidad o cíclicamente, ha sido propuesto de forma paralela al concepto de progreso. El positivismo imagina un progreso lineal, que en ocasiones describe como despegue (take off) hacia el crecimiento autosostenido. La historia cíclica de avances y retrocesos en espiral fue imaginada por Giambattista Vico, y por Nietzsche en su teoría del eterno retorno. Para algunos pueblos primitivos, es muy frecuente no plantearse la duración concreta del tiempo pasado más allá de unos pocos años, que pueden ser incluso menos que los que dura una vida humana.
La escuela de los Annales y en especial Fernand Braudel definen tres niveles de tiempo histórico: la larga duración (o nivel de las estructuras cuya estabilidad es muy grande), la coyuntura (estadio intermedio, en que el cambio es perceptible), y el acontecimiento (considerado como la espuma de la historia, lo más visible pero lo menos significativo). De esta manera la noción de continuidad puede ser más o menos evidente según cuánto nos acerquemos en la escala de tiempo histórico. Un proceso histórico puede parecer continuo en una escala de larga duración y exhibir pequeñas discontinuidades a nivel de las coyunturas. Probablemente los acontecimientos son el nivel que determina en última instancia la continuidad: pueden ser tránsito suave entre coyunturas y dar continuidad a un proceso de larga duración o separar las coyunturas y escindir el proceso en dos períodos distintos de larga duración.
La continuidad, sin dudas, está sujeta a los sesgos interpretativos y a la visión del carácter de los hechos.
Por último la noción de no localidad es mucho más afín a la historia. La influencia de los entes históricos puede y de hecho ocurre a grandes distancias espaciales y temporales. Las causas de un determinado hecho histórico pueden estar influenciadas de manera más o menos directas con factores u otros hechos de la localidad inmediata, de las cercanías o de otro continente.
Principio de incertidumbre de Heisenberg
En mecánica cuántica, el Principio de Incertidumbre de Heisenberg establece la imposibilidad de que determinados pares de magnitudes físicas sean conocidas con precisión arbitraria simultáneamente. Sucintamente, afirma que no se puede determinar, en términos de la física cuántica, simultáneamente y con precisión arbitraria, ciertos pares de variables físicas, como son, la posición y el momento lineal (cantidad de movimiento) de un objeto dado. En otras palabras, cuanta mayor certeza se busca en determinar la posición de una partícula, menos se conoce su cantidad de movimientos lineales y, por tanto, su masa y velocidad. Este principio fue enunciado por Werner Heisenberg en 1925. El principio de indeterminación no tiene un análogo clásico y define una de las diferencias fundamentales entre física clásica y física cuántica.
La noción de incertidumbre está directamente relacionada con la historia. En la cuestión de conocer hechos que tuvieron lugar mucho tiempo atrás, de los que no existen testigos vivos y de los que solo contamos con cierto testimonio material o tradición oral, existe indiscutiblemente incertidumbre. La incertidumbre de las “determinaciones históricas”, desde luego no está matemáticamente definida, pero sí existe un límite cualitativo sobre lo que podemos saber de hechos o figuras tan lejanos en el tiempo sobre los que se posee poca o ninguna documentación.
Una relación más adecuada al enunciado mismo del principio tiene que ver con la segmentación del estudio histórico y la amplitud del conocimiento que de él se obtiene. El conocimiento de toda la realidad es epistemológicamente imposible, aunque el esfuerzo de un conocimiento transversal, humanístico, de todas las partes de la historia, es exigible a quien verdaderamente quiera tener una visión correcta del pasado. Así pues la historia debe segmentarse no sólo porque el punto de vista del historiador esté contaminado de subjetividad e ideología, sino porque necesariamente debe optar por un punto de vista, al igual que un científico, si quiere observar su objeto, debe optar por utilizar un telescopio o un microscopio (o, de forma menos grosera, qué tipo de lente va a aplicar). Con el punto de vista se determina la selección de la parte de la realidad histórica que se toma como objeto, y que sin duda dará tanta información sobre el objeto estudiado como sobre las motivaciones del historiador que estudia. Esa visión sesgada puede ser inconsciente o consciente, asumida con más o menos cinismo por el historiador, y es distinta para cada época, para cada nacionalidad, religión, clase o ámbito en el que el historiador quiera situarse.
La inevitable pérdida que supone la segmentación, se compensa con la confianza en que otros historiadores harán otras selecciones, siempre sesgadas, que deben complementarse. La pretensión de conseguir una perspectiva holística, como pretende la historia total o la historia de las Civilizaciones, no sustituye la necesidad de todas y cada una de las perspectivas parciales como las sesgadas en tiempo, espacio o temática.
Bibliografía consultada:
’t Hooft G (2018) Time, “The Arrow of Time, and Quantum Mechanics”. Front. Phys. 6:81. doi: 10.3389/fphy.2018.00081.
Aerts, Diederik (2014), Quantum Theory and human perception of the macro-world. Hypothesis and theory article, Front. in Psycology.
Jammer, Max. The philosophy of quantum mechanics. “A Wiley-Interscience publication.”




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